De ¿dónde?, podríamos caber los arquitectos...
El ensayo de Arraigo y Desarraigo,
lo termino expresando la necesidad de valorar el tiempo. Hablar de
habitabilidad es hablar de espacio, TIEMPO y nosotros; lo que no implica
referirse a comodidad antropométrica; mucho menos, una búsqueda exhaustiva por
una eficiencia funcional que acorte distancias y con ello tiempos de actuación;
tampoco, la expresión plástica de un modelo aspiracional. Se trata de conquistar
calidad en el tiempo para el que vive el lugar, que reivindique su ser en
dignidad.
Los posmodernos; al igual que los
modernos con sus utopías, se equivocaron. Creyeron que conseguirían espacios y
ciudades más humanas a partir de reinterpretarlas con imágenes históricas;
generando también instituciones que congelaran su pasado entronando cualquier
vestigio como monumento; así mismo, buscaron aterrizar la vivienda con la
convicción de que lo humano está a ras de suelo y sus ciudades deberían ser en
esa escala; también, apostaron que la canonización como modelos a seguir en la
concepción de la vivienda podrían ser los arquitectos con mayor reconocimiento,
con lo que se configuraría la imagen de un pueblo culto y progresista. Los
posmodernos, hablan de naturaleza, exponen cifras de crecimiento poblacional,
de crecimiento económico, no sin razón, advierten la tragedia que podría
significar continuar con el modelo hegemónico de los Estados Unidos de Norteamérica
basado en el desarrollo a partir de la producción industrial y la conectividad
por medio de automóviles, autopistas e infraestructura de comunicación, promovido,
en sus inicios, por el presidente Dwight D. Eisenhower en los años cincuenta
siguiendo el modelo de guerra alemán, Autobahnen; pero olvidaron la variable
del crecimiento poblacional aun haciéndolo parte de sus argumentaciones,
siempre se hizo del lado en busca de análogos que pudieran ser referentes; pero
sin tomar en cuenta la diversidad de escalas entre países ciudades y
poblaciones; de esta manera cuando se habla de problemáticas de ciudades con
más de trecientos millones de habitantes se suele utilizar como referentes para
implementar estrategias ciudades de dos o
tres millones de habitantes. Esto generó en la posmodernidad otras
corrientes que sustentadas en la filosofía de finales del siglo 20 advertían
que voltear tanto al pasado era una evasión de la realidad, que el mundo es
movido por el poder económico y no otra cosa;
que la estabilidad social, únicamente se conseguiría generando factores
que detonaran riqueza en la mayor escala planetaria posible; así, también
devino el perfil del arquitecto “urbanista” en una especie de constructores de
mapeos geográficos que identificaran y describieran en el territorio focos de
desarrollo para la producción de equipamientos, Rem Kolhaas se convirtió en el ícono
teórico de este prototipo; a su vez firmas como las de Calatrava, Zaha Hadid y
especialmente las de Frank O. Gehry,
Renzo Piano y Norman Foster encontraron que la producción de
arquitectura de firma, “hiperescultórica” o “hipertecnológica”, podría revivir
ciudades como atrayentes e imagen de desarrollo y prosperidad de zonas
geográficas y ciudades, como algunos mexicanos confiaban que sucediera con el
aeropuerto de Texcoco.
Seguramente, la afirmación de que
el turismo es uno de los principales enemigos del arraigo y por lo tanto del
habitar, antes de esta pandemia, dicha afirmación hubiera sido tomada como una
blasfemia, porque el turismo conjuntó los sueños de la modernidad y la
posmodernidad, volviéndose la aspiración número uno de desarrollo personal y “bien
estar” en casi todas las sociedades, además de que se ha convertido para muchos
países en uno de los tres pilares de la economía. Turismo implica la breve
presencia o aparición en las fronteras superficiales de la realidad del otro, diferencia
que nos permite evadir por un pequeño lapso nuestra realidad, generalmente
buscando algo mejor que nuestra cotidianidad, lo diferente. De la misma manera
que quien se acostumbra a recibir turismo deja de ser para representar y poco a
poco las edificaciones van perdiendo su sentido para volverse caricaturas
pervertidas de lo que fueron; un ejemplo de esto podría ser, el (nada)
“tradicional” desfile de día de muertos en la ciudad de México, que degenera todo el sentido de una creencia
para transformarse en un producto de atractivo divertido y turístico, versiones
menos pervertidas pero que han alejado poco a poco a sus poblaciones de ese sentido
de arraigo son las ofrendas de día de muertos en Mixquic o Janitzio. La
tradición pasa a ser comercio agregando todo aquello que pueda producir mejor
negocio…
La movilidad y la industria del
turismo han crecido de forma exponencial a partir del espectro que abrió la
Internet, por las facilidades que esto genera; además, la expansión de las
redes sociales ha generado una mitificación aún mayor de las expectativas de
conocer otros lugares. También las redes sociales, son una nueva fórmula de
evasión a nuestra espacialidad física, pasamos largas horas del día navegando
la vida y lugares de los demás, aun a sabiendas de que la presentación de esos
estados, la mayor de las veces; de la misma manera que con las promociones
turísticas, son imágenes deformadas de la realidad que permitan mayor
aceptación, (likes); y con esto; un poquito más poder mercantil sobre los demás.
De esta forma en Facebook, somos al mismo tiempo turistas, transportistas y “hospederos”
de una farsa en imágenes e información… nada mejor para olvidarse del aquí
(espacialidad) y el ahora (tiempo), que son el ingrediente fundamental del
habitar y el arraigo que genera.
Producir lo arquitectónico, siendo
o no arquitectos, no puede evadir la inmersión en el “aquí” y el “ahora”, asumiendo
y subordinándose siempre a las posibilidades con que se cuenta para producir o
materializar el hábitat en su singularidad como parte de un ecosistema. La
permanencia contemplativa en la singularidad de los rituales de lo cotidiano en
cada actividad del habitar, son el único instrumento que facilita el
conceptualizar lo que podría o debería ser. Entre más poderosa sea nuestra
capacidad de vincularnos con el aquí (espacialidad producto de sus
circunstancias) y el “ahora” personificado por la ritualización de la rutina
cotidiana como: qué quiero y puedo ser durmiendo, qué quiero y puedo ser al
comer, al defecar, etc, etc… Si nosotros no podemos conceptualizar sobre
nuestros propios hábitos, apetencias y posibilidades, como podremos hacerlo
para otros. Entendiendo esto, queda claro porqué hay quienes conciben al
arquitecto como un intermediario que nunca podría entender los rituales de la
rutina cotidiana como los entiende quién los vive por mucho tiempo, quizás a
eso se refería y con razón nuestro presidente, esa perspectiva ha generado una
tendencia que importaron de Inglaterra y Europa en los años ochenta un grupo de
académicos de la UNAM llamada “Arquitectura Participativa”, pero el concepto se
pervirtió, una vez que solamente hacía crítica a las visiones del movimiento
moderno para el hacer del arquitecto sin poder construir, en muchos años, un
nuevo horizonte de participación para el profesional que ellos mismos “forman”
hasta el día de hoy. Después de miles de millas de viajes, conferencias,
congresos, simposios, y miles de egresados o engañados con esa entelequia; Su
herencia a la ciudad y a la vivienda no es otra, que la construcción de
sistemas basados en lagunas legales para la apropiación de predios, organismos
de financiamiento, (usura a los más pobres); y principalmente la captación de
población con fines clientelares para el negocio de la política; además de una
potente y elitista herramienta de
empoderamiento para sus autores y ahijados en la Universidad.
De nuevo parece que regreso al
camino de la sin esperanza y podría cometer el mismo crimen que critico a dichas
celebridades al despreocuparme de construir propuestas para concebir un nuevo
horizonte profesional para quienes egresamos de esta licenciatura con el
objetivo de desarrollarnos en ella. Asiento mi propuesta en entender, como lo
plantea la lámina que denomino “El trayecto entre lo informe a lo conformado…
es el proyecto”, Asumiendo que el conceptuar, dentro del proyecto, es un
territorio muy diferente al de diseñar; aunque inevitablemente, están siempre
concatenados y que cada singularidad del proyecto requerirá, a su vez, ser
conceptualizada para poder ser diseñada y que el mismo diseño ira señalando nuevos
aspectos que requerirán ser conceptualizados. Así, será el territorio de la conceptualización
donde no solo cabe; sino es fundamental, la participación de quien habitará
expresando en un ejercicio dialéctico con el productor sus rituales, deseos y
posibilidades que involucran estar en determinada espacialidad y en determinado
momento. Entre más complejo sean esos rituales de la rutina cotidiana, como lo podría
ser un hospital en sus diferentes escalas y especialidades, el ámbito de la
concepción jamás debería hacerse sino es representando o bosquejando los
lineamientos que un especialista en administración de hospitales promueva, lo
mismo seria para un gimnasio, un centro o cultural o un museo; sin embargo,
para conceptualizar (definir) un lugar para convivencia de un grupo de vecinos, ya no será un especialista sino un trabajo para
llegar a consensos entre los involucrados lo que generar el concepto o
definición del proyecto. La labor del arquitecto en estos casos, no únicamente será
bosquejar deseos y rituales sino recordar y aterrizar a partir del dominio del
trabajo de costos, de presupuestos, y posibilidades constructivas esos deseos y
rituales, junto con las posibilidades que las características del sitio permitan.
Para eso el aprendiz y el profesional de arquitectura requiere entrenarse y dedicarle
mucho TIEMPO para observar y observarse, (bitácora) para aprender a observar a
lo demás, también requiere aprender a escuchar e interpretar, para ayudar en la
materialización de deseos y la dignificación de los rituales, olvidándose de
sus propias expectativas y creencias.
El diseño por su parte, es
territorio exclusivo de quien tiene herramientas y experiencia en describir lo
que plantea la definición producto del concepto, como lo presento en el ensayo “El
diseño es un acto de poder”; únicamente agregaría que en el diseño esta el
espacio de participación y decisión de otros especialistas: fabricantes de
equipamiento de todas las disciplinas que se involucran en la edificación,
especialistas en territorio y naturaleza, incluyendo también, una revisión exhaustiva
de los alcances de presupuesto.
Un Arquitecto requiere saber
construir un equipo que permita conceptuar, otro equipo que permita diseñar y
edificar, entendiendo los diferentes territorios. Finalmente en este ensayo, diría
que es responsabilidad ineludible del arquitecto, saber que no trabaja
únicamente para el cliente sino que trabaja principalmente como intermediario entre
el entorno natural y el de la comunidad en el que deberá saber involucrarse
cualquier ejercicio arquitectónico, respetando siempre los derechos de la
naturaleza y la comunidad por encima de los intereses y proyecciones del
cliente.
Sé que, en este ámbito, muchos cuestionarán
que lo que se plantea al final es imposible por el paradigma de que el cliente
siempre tiene la razón o que a final de cuentas el cliente es un patrón que
puede prescindir de nuestros servicios si no cumplimos sus deseos, pero de eso
hablaré en otro ensayo.
Ricardo Pinelo Nava