TRES REALIDADES QUE NOS OBLIGAN A
CAMBIAR
¿Arquitectura y sustentabilidad?
La edificación de infraestructura
y vivienda son el principal motor de la movilización de capital, por ello,
promoción de crecimiento económico con la inherente generación de empleo que
legitima el sistema, -del que queriendo o no somos parte- y a las estructuras
gubernamentales como las republicanas y “democráticas”. En México, la
constitución consagra el derecho a la vivienda digna para todos los ciudadanos
mexicanos, por lo que de la mano al crecimiento poblacional la promoción
institucional de fomento a la vivienda aumenta año con año, así mismo, dicho
incremento genera la demanda social que promueve el desarrollo de
infraestructura, cada día más diverso, extenso y vasto, que devienen en
elemento puntal de la estabilidad en nuestro tipo de sistema económico y eje
detonador del llamado bien estar social. El círculo perverso que escuchamos
cada mañana en los noticieros: “si no hay crecimiento, no hay empleo, si no hay
empleo no hay consumo, si no hay consumo las empresas dejan de existir, si eso
sucede hay menos empleo menos consumo, hasta llegar, teóricamente, a la quiebra
total y la más amplia incubación de pobreza …
En relación directa ese
crecimiento de la edificación de infraestructura y vivienda ha devenido en uno
de los tres principales promotores de la devastación de ecosistemas, sobre
explotación del territorio y un muy importante generador de contaminación por
desechos no biodegradables ni de fácil reutilización. Como si esto no fuera
suficiente, a estas dos primeras premisas se suma el desarrollo turístico con
la promoción de hoteles, centros de todo tipo de esparcimiento y más demanda de
infraestructura y vivienda. Juntos estos son los principales consumidores de
electricidad y otros energéticos promoviendo una dependencia vital en el uso de
hidrocarburos con los efectos contaminantes y de sobre explotación continuada
durante la vida útil de dichas edificaciones y de la misma forma generadores de
desechos.[1]
Cabe señalar que en México
después de los ingresos que se reciben por divisas enviadas por compatriotas en
Estados Unidos junto con el petróleo y el turismo la industria cementera, es coparticipe
generador en todos los daños expuestos con anterioridad siendo la tercera
fuente de recursos del país y la principal promotora de reconocimientos y becas
para lo arquitectónico y “la sustentabilidad”.
Como la mayoría de los fenómenos
que conmueven a nuestra sociedad, esto ha devenido en nuevas fuentes de negocio,
pero soluciones con impactos mínimos y que, desde mi perspectiva, distraen y
confunden aún más la emergencia:
1. Innumerables
tipos de certificaciones “ambientales” que a su vez compiten entre ellas por un
mercado, con todas las perversiones que esto pueda promover.
2. Una
nueva industria que, en la búsqueda de generadores de energía alternos al
petróleo y sistemas hasta ahora prevalentes, generan NUEVAS FORMAS DE
DEVASTACIÓN MINERA e industrial, con los impactos sociales que además esto
conlleva.
3. Todo
tipo de cursos, especialidades e incluso grados académicos promoviendo una
mitología de la sustentabilidad, que de forma superficial produce utopías
irracionales tendencias o modas, que nunca cuestionan de fondo y que confunden aún
más una inminente problemática que requiere atención.
Al parecer
nuestra profesión es importante corresponsable en dicho daño al planeta y las
estructuras sociales que esto genera…
Ricardo Pinelo Nava