Por más que intento convencerme de que la gestación intelectual de una obra arquitectónica sigue los patrones académicos y del mercadeo (revistas, libros, congresos,etc), que pregonan, “quizás ingenuamente”, un perfil superhumano para el hacedor de arquitectura basándose principalmente en talentos innatos que conjugan: clarividencia, creatividad, supercapacidad plástica, supersensibilidad, ultra grafismo, pero que paradójicamente se exponen también como si pudieran aprenderse practicando, para configurarse como la base del programa para la formación de arquitectos. Así, no consigo aceptar o coludirme en mi trabajo arquitectónico o como aspirante de académico a lo sobre valuado de dichos talentos, “ni por la fascinación que significaría la posibilidad de descubrirme, ser reconocido o por lo menos convertirme en un superhombre o mejor aun, en vientre de superhombres”. Argumentos que a cada momento se revelan más como antítesis de la realidad del hacer arquitectura y la construcción de su pensamiento, mostrándose más bien como instrumentos de intereses obscuros y dudosos. Peor aun, intereses que ahogan la esencia de la formación y que cada día hacen más patente lo perniciosa que es dicha creencia para con el hábitat.
Una experiencia que no evade sumarse a una meticulosa indagación en otras experiencias reales del profesar esta disciplina dejará claro que todas esas construcciones de mitos no sólo perjudican la obra en si, sino la administración de recursos para su gestación, por eso es imprescindible un replanteamiento haciendo una decantación real de los participantes en los procesos creativos. Presento como una introducción, que me interesará desarrollar puntualmente más adelante, el condensado de 4 exigencias o actividades específicas, profundamente diferenciadas, para la producción intelectual de arquitectura:
• Conceptualización o concepción (Actividad de concienciar y definir)
• Composición (Actividad de aglutinar caracterizando)
• Diseño (Actividad de describir y estrategia de materialización )
• Ingeniería (Actividad de solucionar generalidades y particularidades)
Materias que teóricamente parecerían fundamentales, pero que en la realidad, no aparecen en los programas de formación y que en el ejercicio profesional simplemente subordinan su desarrollo a dos elementos realmente fundacionales del hacer arquitectura que también ha sido ignorados o deformados por la mercadotecnia y por la academia.
De esta manera lo arquitectónico , y aquí el meollo del asunto, se produce a partir de dos elementos insoslayables para la profesión. Primero o el quinto elemento, la capacidad de construir un liderazgo, -conseguir ser escuchado y con esto conseguir inspirar para ser aceptado-.
Finalmente el segundo o sexto elemento, que es en si, lo que podría ser la quinta esencia real del arquitecto, poseer un carácter profundamente EMPRENDEDOR, que NO soñador, ya que el arquitecto profesará su vida promoviendo la materialización del cambio en la relaciones espaciales y sensoriales del habitar, entendiendo esto ultimo – en términos de Heidegger-, como la forma de vivir construyendo vínculos unos con otros y con el entorno, para así, ir construyéndose uno mismo.
Los cuatro primeros elementos quizás puedan inculcarse, aprenderse y desarrollarse
El quinto elemento quizás pueda desarrollarse.
Pero el elemento fundamental, ese, es como la fe para los cristianos SE TIENE o NO SE TIENE. O para los científicos, se trae en la genética, Se nace teniéndolo y el que lo tenga podrá conjugar lo necesario para hacer arquitectura. A este, por el bien de todos habrá que enseñarle la necesidad de valorar las 4 primeras exigencias y promoverle entenderlas y desarrollarlas. Siendo esto el fin académico para quien se encuentre en este caso.
Mientras tanto el actual superhombre de la academia y las revistas seguirá atropellando, relegando y defraudando a los miles que no tenemos superpoderes , El soñador seguirá soñando. El filosofo conceptualizando, el compositor componiendo, el diseñador describiendo y el ingeniero solucionando,
pero ninguno hará arquitectura.
He dicho para que conste...
Una experiencia que no evade sumarse a una meticulosa indagación en otras experiencias reales del profesar esta disciplina dejará claro que todas esas construcciones de mitos no sólo perjudican la obra en si, sino la administración de recursos para su gestación, por eso es imprescindible un replanteamiento haciendo una decantación real de los participantes en los procesos creativos. Presento como una introducción, que me interesará desarrollar puntualmente más adelante, el condensado de 4 exigencias o actividades específicas, profundamente diferenciadas, para la producción intelectual de arquitectura:
• Conceptualización o concepción (Actividad de concienciar y definir)
• Composición (Actividad de aglutinar caracterizando)
• Diseño (Actividad de describir y estrategia de materialización )
• Ingeniería (Actividad de solucionar generalidades y particularidades)
Materias que teóricamente parecerían fundamentales, pero que en la realidad, no aparecen en los programas de formación y que en el ejercicio profesional simplemente subordinan su desarrollo a dos elementos realmente fundacionales del hacer arquitectura que también ha sido ignorados o deformados por la mercadotecnia y por la academia.
De esta manera lo arquitectónico , y aquí el meollo del asunto, se produce a partir de dos elementos insoslayables para la profesión. Primero o el quinto elemento, la capacidad de construir un liderazgo, -conseguir ser escuchado y con esto conseguir inspirar para ser aceptado-.
Finalmente el segundo o sexto elemento, que es en si, lo que podría ser la quinta esencia real del arquitecto, poseer un carácter profundamente EMPRENDEDOR, que NO soñador, ya que el arquitecto profesará su vida promoviendo la materialización del cambio en la relaciones espaciales y sensoriales del habitar, entendiendo esto ultimo – en términos de Heidegger-, como la forma de vivir construyendo vínculos unos con otros y con el entorno, para así, ir construyéndose uno mismo.
Los cuatro primeros elementos quizás puedan inculcarse, aprenderse y desarrollarse
El quinto elemento quizás pueda desarrollarse.
Pero el elemento fundamental, ese, es como la fe para los cristianos SE TIENE o NO SE TIENE. O para los científicos, se trae en la genética, Se nace teniéndolo y el que lo tenga podrá conjugar lo necesario para hacer arquitectura. A este, por el bien de todos habrá que enseñarle la necesidad de valorar las 4 primeras exigencias y promoverle entenderlas y desarrollarlas. Siendo esto el fin académico para quien se encuentre en este caso.
Mientras tanto el actual superhombre de la academia y las revistas seguirá atropellando, relegando y defraudando a los miles que no tenemos superpoderes , El soñador seguirá soñando. El filosofo conceptualizando, el compositor componiendo, el diseñador describiendo y el ingeniero solucionando,
pero ninguno hará arquitectura.
He dicho para que conste...